
Hay una clara analogía entre el estar atrapado eternamente en un mismo día en la película y el tedio abrumador de la rutina diaria en la vida de las personas. Phil dice en un momento: "Estuve en las Islas Vírgenes una vez. Conocí a una chica (...) Ese fue un muy buen día. ¿Por qué no podría tener ESE día una y otra vez?", pero un día excepcional es, justamente eso, algo extraordinario que no sucede a menudo. Puede ser que nuestra vida se componga de unas cuantas actividades interesantes que (con suerte) elegimos libremente, pero que con el paso del tiempo u otras circunstancias se hayan convertido en tareas ordinarias y nos hayan dejado con la sensación de ser esclavos de las mismas. El film evita mencionar algo concreto como la causa de esta maldición y con inteligencia lo deja a interpretación del espectador. De igual forma, es probable que tampoco nosotros sepamos qué fue lo que hizo que cada uno de nuestros días sea casi indistinguible del día anterior, y que nos hayamos olvidado ya de cuándo comenzaron a repetirse.

Pero en ese mundo donde actuaba de protagonista y el resto de las personas de actores secundarios, él de alguna forma era solamente un ser mediocre que no sobresalía por nada en particular y que transitaba la vida sin dejar huella o proyectar siquiera alguna sombra. Sentía que siempre llegaba tarde a todo, un niño inocente cuando los demás ya eran adolescentes, un adolescente eterno cuando alrededor solo había adultos maduros. También creía que cualquier iniciativa que desarrollara apenas si lograría alcanzar un fugaz momento de éxito, porque incluso aunque tuviera un resultado brillante no sería más que un desempeño del montón: siempre habría personas más inteligentes o más hábiles, con más dedicación o que sabían cómo los lazos sociales funcionaban y destacaban sin esfuerzo. Hasta que un día simplemente dejó de intentar.
Era el centro de un mundo donde apenas si existía.

Este árbol siguió creciendo haciéndose más grande y grueso cada día, hasta que en determinado momento comenzó a crecer a través de la valla y encima del andén mismo formando un pliegue muy curioso, como la piel de una barriga apretada por un cinturón, en el punto donde empezó a apoyarse sobre la plataforma.
Para el árbol, esta construcción de cemento pasó con el tiempo a formar parte de sí mismo sin darse cuenta: cuando ya no hubo lugar suficiente para crecer continuó expandiéndose sobre la laja que además de contención terminó dándole una base firme que lo hacía más fuerte.

Quique se despertaba tal vez demasiado temprano para un chico de su edad y leía su revista de textos de fantasía mientras desayunaba apenas con un té bien dulce en el cual remojaba pan duro del día anterior. Más tarde ayudaba en las tareas de la casa, incluso a preparar la comida de sus hermanos ya que sus padres salían a trabajar. Él partía hacia la escuela con tiempo de sobra (cursaba a la tarde) para poder jugar antes un rato a la pelota con sus compañeros. Al volver miraba algo de tele, hacía la tarea y consideraba que su día estaba perdido si no llegaba a terminar un dibujo de una nave espacial o a escribir una carilla entera de un cuento. A la noche se acostaba sin sueño pero mientras se dormía repasaba mentalmente algunos temas científicos que había aprendido y le resultaban apasionantes.
Ah, pero había algo más dentro de su rutina diaria, una acción tan vacía y sin sentido que no solía prestarle ninguna atención. Cada mediodía, luego de la formación en el patio de la escuela, todos los alumnos, maestros, el personal administrativo y el de mantenimiento se disponían en una fila e iban pasando uno a uno frente a la terminal de La Máquina. Todos tenían una única oportunidad cada día de activar el aparato, ya sea en su lugar de aprendizaje, o en su trabajo, o en puestos dedicados específicamente a esta tarea. Grandes y chicos, cada ciudadano con vida tenía su chance de ganar una vida mejor.

Estaba encadenado de pies y manos, y éstas caían inertes sobre su cuerpo. Todas las miradas del gran salón se dirigían hacia él intentando descubrir algún gesto, un mínimo indicio que les permitiera entender tanto horror. Pero su cabeza de muñeco inánime yacía inclinada sin demostrar absolutamente nada.
Nadie, entre los cientos de presentes, estaba convencido interiormente de que el juicio tuviera algún sentido. La mayoría consideraba que era muy claro lo que se debía hacer con tipos así, que todo era una pérdida de tiempo y finalmente un gasto innecesario para el Gobierno; ellos pensaban que debían dejárselo a la gente para que la justicia fuera rápida y precisa.

—No hay ninguna duda, Su Excelencia. Es el punto final al vastísimo trabajo comenzado luego del incidente del 2125. Por aquellos años no teníamos ningún mecanismo fiable para registrar la totalidad de los organismos orgánicos pero luego de montado nuestro proyecto se estimó una disminución de aproximadamente el 50 por ciento de las especies, y con mucho esfuerzo tanto en el proceso de detección como en el de exterminación, hoy podemos asegurar que no hay rastros de otros seres vivos remanentes.
Durante el año 2125 la Humanidad perdió de forma catastrófica el control de la naturaleza y se produjo un desequilibrio tan pronunciado que la raza entera enfrentó la posibilidad real de una completa extinción. El Hombre vio desaparecer de un día para el otro los recursos que necesitaba para su subsistencia mientras se disparaban a la par epidemias devastadoras. En aquellos tiempos fuimos vulnerables.
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