Premios 20Blogs
Victoria del Hombre
—¿Está usted completamente seguro? ¿Son estos resultados del barrido concluyentes? ¿fueron validados exhaustivamente? —preguntó la Primer Ministro de la Tierra.

—No hay ninguna duda, Su Excelencia. Es el punto final al vastísimo trabajo comenzado luego del incidente del 2125. Por aquellos años no teníamos ningún mecanismo fiable para registrar la totalidad de los organismos orgánicos pero luego de montado nuestro proyecto se estimó una disminución de aproximadamente el 50 por ciento de las especies, y con mucho esfuerzo tanto en el proceso de detección como en el de exterminación, hoy podemos asegurar que no hay rastros de otros seres vivos remanentes.

Durante el año 2125 la Humanidad perdió de forma catastrófica el control de la naturaleza y se produjo un desequilibrio tan pronunciado que la raza entera enfrentó la posibilidad real de una completa extinción. El Hombre vio desaparecer de un día para el otro los recursos que necesitaba para su subsistencia mientras se disparaban a la par epidemias devastadoras. En aquellos tiempos fuimos vulnerables.
(+) Ver Artículo Completo
El Corazón que no Late
A veces descubrimos cosas de la forma más casual, y muchas veces suele pasar que los descubrimientos suceden en una noche cualquiera de verano mientras intentamos ignorar al insomnio. Nos pasa que el sueño no llega y que con el oído pegado a la almohada nos distrae además la sangre fluyendo por la oreja, marcando la música con cada latido: BUM... BUM... BUM... También el pecho que apoyado en la cama suma el corazón mismo al ritmo golpeando una y otra vez hasta que no podemos evitar perdernos en esa cadencia, esperando que se haga cada vez más lenta mientras el cuerpo se duerme. A veces nos damos cuenta de algo inesperado, como la sorpresa del salto de un latido perdido: BUM... BUM... silencio... BUM... BUM...

Ese fue el descubrimiento que me sorprendió en una noche de verano como cualquier otra. Cuando nos pasa algo así comenzamos a estar constantemente pendientes de nuestro corazón. Llegué a notar, poco tiempo después, que durante el día experimentaba otras sensaciones, empezando con una opresión, una brusca ansiedad como el pecho cerrado y la necesidad de respirar profundamente y exhalar en un suspiro continuo sin fin, esperando que vuelva el motor interior a retumbar con furia cual si nunca antes hubiera latido.
(+) Ver Artículo Completo
El Password Conocido
Peter Jenkings arrastró el puntero del mouse por la pantalla e hizo click con algo de interés sobre un link con la descripción "Lista actualizada de los 50 peores passwords". Leyó los primeros puestos: encabezaba "password", le seguía "123456", completando el podio "12345678", luego "abc123" y en quinto lugar "qwerty". Siguió avanzando por la lista y en el puesto número 27 encontró el código que él usaba desde hace años en todas sus casillas de mail y redes.

Peter salió de su pequeña casa con puerta roja. Luego de mirar a ambos lados la línea con idénticas casitas de puertas rojas de la calle que bajaba en pendiente, subió a su automóvil y manejó hacia el trabajo. En el camino se detuvo para conseguir el diario y desayunó en el restaurant de costumbre, que estaba en la esquina sobre la misma vereda que su oficina, y desde donde podía oler a través de las ventanas el perfume de las frescas flores que preparaban las floristas.

Disfrutaba las grandes maravillas pero también las más chicas que la vida le traía, porque entendía que le había costado mucho esfuerzo alcanzar todo aquello. A pesar de las contrariedades sufridas durante tanto tiempo ahora se encontraba en condiciones de parase erguido en la cima de su montaña, mirando orgulloso sus dominios extenderse debajo con una sensación que le erizaba la piel, sabiendo que finalmente todo en el mundo parecía perfecto.
(+) Ver Artículo Completo
La Voz de la Edad (Pasaje de Tren 3)
El tren había llegado muy lleno a Núñez esa mañana, aunque no era algo muy diferente a lo acostumbrado. Una particularidad es que aquel fue el día más frío en lo que iba del año. Costó subir al vagón luego de muchos empujones, pero cuando segundos antes de partir apareció una pequeña viejita diciendo "Por favor, ¡a ver si me hacen un lugarcito que soy chiquita y viajo nada más hasta Belgrano!", entonces no pudimos dejar de apretujarnos un poco más para hacerle espacio.

Notamos inmediatamente que era la típica persona habladora que no puede evitar charlar de lo que sea con cualquier desconocido que tenga al lado. Una chica a su derecha fue la primera víctima de los pertinentes comentarios sobre el clima. Me quité los auriculares de los oídos sabiendo que no iba a poder escapar de la conversación. Luego de mirar al muchacho a su izquierda que llevaba un gorro de lana se dirigió a mí diciendo "Vos también deberías usar un gorro para cubrirte la cabeza", a lo que respondí brevemente "Sí, es verdad, debería conseguir uno".

Aunque no iba a concluir tan rápido. Como estaba frente a ella me subió el cuello y el cierre del abrigo bien hasta arriba como haría una madre diciendo "¿Ves? Así está mejor para protegerte del frío", a lo que respondí en mi defensa "Claro, pero como vivo cerca de la estación no hacía tanta falta". Fue inútil porque ya no escuchaba mis argumentos (como haría una madre). De todas formas mi participación estaba cumplida y volvió a dirigirse al muchacho del gorro: "Vos estás muy callado" le reprochó con la dura gentileza de su edad.
(+) Ver Artículo Completo
Hoy Sin Clases
Cuando cursábamos uno de los últimos años de la escuela secundaria se había vuelto casi costumbre que tuviéramos que evacuar el colegio por amenaza de bomba. A esa edad uno no presta demasiada atención a las noticias sobre los problemas del país, ni arrastra un conocimiento de la historia reciente como para entender del todo por qué pasan las cosas. En esos primeros tiempos de la vuelta a la democracia tanto las viejas como las nuevas ideas políticas y sociales chocaban al amparo de una recuperada libertad de expresión donde toda manifestación parecía válida ante el menor conflicto. El tema de las amenazas era un extremo absurdo, aunque sabíamos perfectamente que la mayoría (sino todas) eran llamadas telefónicas de alumnos que buscaban un día libre de clases.

Un día, uno de los profesores con el cual teníamos más confianza y simpatía nos hizo una observación que me quedó grabada, palabras más, palabras menos: "Ustedes pueden estar contentos ahora por tener en el colegio tantas horas y días libres, pero tengan cuidado porque lo que disfrutan hoy lo pueden pagar en el futuro. El día de mañana cuando vayan a buscar trabajo, en las empresas van a revisar su curriculum y van a pensar: '¡Ah!, ¡este es de la promoción 1987, de esos que completaron la secundaria casi sin ir a clases!', y eso va a pesar cuando decidan a quién contratar".
(+) Ver Artículo Completo
Día de la Discusión
Nunca entendí bien el origen de esto, yo soy de la idea de que no pensaron demasiado lo que estaban haciendo. Supongo que se basaron en que ya existían en el calendario varios días especiales para celebraciones o para la realización de actos humanos diversos: fechas marcadas para arrepentirse y para dar las gracias, para comprometerse y formar vínculos, para recordar a aquellos que ya no están y hasta para reflexionar sobre un problema en particular. Pero cuando surgió la propuesta del Día de la Discusión no fue muy claro qué vacío esperaban llenar.

Lo interesante de muchas de las fechas es que interrumpen nuestra rutina obligándonos hasta cierto punto a dedicarnos a otra cosa. A veces no prestamos suficiente atención al significado de esos días y los dejamos pasar sin más, pero extrañamente cuando se instauró todo un día dedicado a la discusión la gente lo acogió con enorme pasión, dedicándose hora tras hora a discutir con todo aquel que se le cruzara, con el esposo o esposa, con la familia, con amigos, con su jefe en el trabajo o con cualquier desconocido al paso.

Sorprendentemente se puede ser testigo de una extraordinaria participación en este día, porque de alguna forma es tomado por todos como una fiesta imperdible. Por donde se mire uno encuentra personas enfervorizadas debatiendo sobre cualquier cosa, sea esta relevante o no. El espíritu compartido es el de cuestionar lo establecido, las ideas impuestas, aquello que se mantuvo inalterable en el tiempo solo porque sí, sin haber sido nunca revisado. Sin embargo no se busca llegar a un resultado concluyente y menos aun intentar cambiar al mundo. Es más, al final de cuentas tampoco importa ganar o perder un argumento sino haberlo planteado.
(+) Ver Artículo Completo