El Adiós
Ya había estado antes ahí, en ese viejo y sucio bar no pasaban muchas cosas pero tenía muchos años de historia, y todo puede pasar cuando el tiempo es demasiado. No entiendo por qué te gustaba ese lugar pero te quedabas a veces horas leyendo el diario en silencio, aunque más que leer era como si revisaras las páginas buscando algo, alguna oportunidad escondida entre tantas palabras.

Llegué puntualmente pero no me esperabas a esa hora. No importa, estoy acostumbrada a que todos se sorprendan de mi puntualidad, siendo al parecer algo que ya nadie respeta. Te encontré en el fondo del local, de espaldas a la puerta como alguien que prefiere no ser molestado. Pero conocía bien tu aspecto y podía reconocerte aunque te hubieras escondido entre mil personas. Siempre supimos que terminaríamos juntos un día, de manera fugaz pero intensa.

Estabas muy indiferente y seguiste concentrado un rato más en tus asuntos. De todas formas, aunque hubieras querido ignorarme eternamente, todo llega a un final y ambos lo sabíamos bien. Había varias sillas vacías alrededor pero permanecí de pie mirándote un poco más intentando entenderte. No era tu problema sino mío, a veces me siento como si no perteneciera a este mundo, como si a pesar de todo mi empeño todos fueran siempre como extraños ante mis ojos.
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