Un Muerto en el Placard
—Seguramente hay una ironía en todo esto —pensó Jonás-, pero dudo que algún día lo recuerde con una sonrisa. —A sus pies yacía un cuerpo completamente inmóvil mientras él dudaba si esconderlo en el pequeño cuarto que se encontraba frente a sus ojos.

—Es tan cliché que me siento mal de solo pensarlo. ¡Voy a tener mi propio muerto en el placard, literalmente! —Se sintió mareado mientras abría la puerta, golpeando con ésta sin querer en la cabeza al sujeto tendido en el suelo. Se cubrió la boca por la sorpresa a la vez que hacía un movimiento instintivo por ayudarlo, viendo al segundo que era inútil—. ¿Por qué me tienen que pasar a mí estas cosas? ¿Por qué tuvo este hombre que venir a morir hoy, justo en mi sala?

Cruzaron por su cabeza interminables imágenes de policías, médicos, el FBI, CSI y otros hombres muy serios invadiendo su casa. Luego se dio cuenta de que sin duda lo llevarían a la comisaría para tomar su declaración, que pasarían horas hasta que pudieran ubicar a los familiares de aquella persona, y muy probablemente él mismo debería darles la mala noticia y acompañarlos en su dolor... Hasta imaginó que ellos lo verían con una mirada cargada de odio, desconfianza y reproche ¡Le llevaría todo el resto del día y toda la noche desprenderse de esa incómoda situación!
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El Adiós
Ya había estado antes ahí, en ese viejo y sucio bar no pasaban muchas cosas pero tenía muchos años de historia, y todo puede pasar cuando el tiempo es demasiado. No entiendo por qué te gustaba ese lugar pero te quedabas a veces horas leyendo el diario en silencio, aunque más que leer era como si revisaras las páginas buscando algo, alguna oportunidad escondida entre tantas palabras.

Llegué puntualmente pero no me esperabas a esa hora. No importa, estoy acostumbrada a que todos se sorprendan de mi puntualidad, siendo al parecer algo que ya nadie respeta. Te encontré en el fondo del local, de espaldas a la puerta como alguien que prefiere no ser molestado. Pero conocía bien tu aspecto y podía reconocerte aunque te hubieras escondido entre mil personas. Siempre supimos que terminaríamos juntos un día, de manera fugaz pero intensa.

Estabas muy indiferente y seguiste concentrado un rato más en tus asuntos. De todas formas, aunque hubieras querido ignorarme eternamente, todo llega a un final y ambos lo sabíamos bien. Había varias sillas vacías alrededor pero permanecí de pie mirándote un poco más intentando entenderte. No era tu problema sino mío, a veces me siento como si no perteneciera a este mundo, como si a pesar de todo mi empeño todos fueran siempre como extraños ante mis ojos.
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