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Vivir Juntos
La vida en cualquiera de sus formas se enfrenta siempre (pero siempre) a una importante decisión que la mayoría de las veces no se piensa concientemente o no se piensa en absoluto, que puede parecer obvia y de la cual depende la supervivencia. La simple decisión de vivir juntos tuvo y tendrá muchas formas y niveles.

Las células
En el comienzo solo había silencio y soledad. Hace miles de millones de años la vida comenzó con una célula, una minúscula burbuja conteniendo en sí misma todas las funciones básicas necesarias que componen a un ser único, preparado para sobrevivir en este mundo. Estos organismos unicelulares reinaron durante muchísimo tiempo y todavía existen entre nosotros, pero hubo un momento en el que dieron el gran salto y se agruparon en comunidades, al principio, y luego evolucionaron en seres multicelulares compuestos de células especializadas cada una en una función específica. El hombre, los animales y todos los seres vivos que vemos a simple vista alcanzaron un grado de perfección impresionante basados en esa estructura. Cada organismo es un mundo en sí mismo donde las células individuales que los componen no pueden sobrevivir en soledad, donde la muerte de una de éstas es parte del funcionamiento de ese mundo y únicamente implica su rápido reemplazo por otra, donde el conjunto, la suma de individualidades, es más complejo e importante que los individuos aislados. Muy similar a las sociedades humanas.

La colonia
Luego de la aparición de los organismos complejos, la evolución de los individuos fue resuelta de forma simple y brillante por la naturaleza al aplicar una selección durante muchísimo tiempo, eligiendo mediante la supervivencia a los que poseían los mejores colmillos, la mayor velocidad, el más potente veneno. Sin embargo, puede verse una evolución aún más compleja en las colonias, comunidades como las de las hormigas o las abejas, donde la unión de individuos se comporta como un ser vivo de un nivel superior: cada integrante del conjunto se ocupa de su función (como las células especializadas de los organismos multicelulares) y la selección natural ya no es a nivel individuo porque, por ejemplo, las abejas obreras no se reproducen y no pasan características propias a la siguiente generación; el éxito del grupo depende de que la reina de la colmena y su reino sobrevivan. Cada abeja es fundamental para formar la colmena, pero sin la colmena la abeja no tiene razón de ser. Es claro que también en este caso el TODO es más importante que las partes que lo componen.

La sociedad
El ser humano nunca será parte de una organización de tipo colonia, si así fuera ya no seríamos humanos sino otro ser superior. Sin embargo, las comunidades que hemos desarrollado debido justamente a nuestro propio crecimiento, tienen un asombroso parecido con las sociedades creadas por la naturaleza: el progreso del conjunto, en general, significa el progreso de los individuos y viceversa; las características de la comunidad se expanden y transmiten en el espacio y el tiempo (como costumbres, cultura, sabiduría, etc); y, por supuesto, las sociedades humanas están formadas por partes bien diferenciadas, cada una especializada en su función. La gran diferencia entre estos dos tipos de organizaciones es que en la naturaleza los individuos de la colonia son casi autómatas sin mayor utilidad que aquella que la comunidad le asigna, mientras que en la humana, los seres individuales conservan su libre albedrío para decidir cuál es su funcionalidad, o incluso para elegir si formar parte (útil o no) de la sociedad.

La luz
El gran interrogante es ¿cuál es el siguiente nivel de evolución, si es que hay otra existencia que esperar a la vuelta de la esquina? Si creemos por un momento en ciertas historias que se cuentan, la próxima vida podría presentarnos una luz blanca absoluta, pura e irresistible que nos invitaría a formar parte de ella. Más allá de cualquier contexto religioso y tomando esta posibilidad como una simple especulación, no tenemos ninguna certeza de la finalidad suprema que pudiera tener esta comunidad, cuál sería nuestra función dentro de ella, o en qué consistiría nuestra nueva individualidad. Así y todo, sabemos que esas son las tres preguntas básicas que deberán tener su respuesta, ya que definen a todo conjunto.

Siempre hay algunos que prefieren quedarse fuera del grupo, aunque la historia nos muestra que hemos sido en el pasado seres sociales, y lo seremos aún en el futuro. Si existe algún día una gran conciencia colectiva en este mundo, o una perfecta luz blanca en otro, lo que es seguro es que en esta u otra vida, la esencia de todos los seres vivos nos conducirá siempre a intentar vivir juntos o morir solos en el camino.

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2 comentarios:

Mariela Daventini dijo...

Muy bueno! Invita a la reflexion sin necesidad de explicar... o será que mi mente es científica?? Nah! Soy mujer y rubia ... quien me va a creer ??

Gustavo Di Salvo dijo...

Muchas gracias Maru! Se hace difícil intentar analizar miles de millones de años de evolución (y un desconocido futuro) en poco espacio y sin caer en un lenguaje muy serio. Por eso a veces me cuesta mucho redondear estos artículos, y sobre todo el tono global del blog.
Gracias por tu ayuda constante! :)


Comentarios