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Reglas Claras (Creando una Religión)
La religión es algo inevitable en cada cultura, algo necesario. Sin adentrarme muy lejos en los fundamentos de cada una, simplemente referiré que las unen 2 (entre tantas) características comunes: la primera es la explicación de todo aquello que está más allá de nuestro conocimiento mediante la contención en la Fe de todos nuestros miedos, con la tranquilizadora esperanza de que todo tiene un por qué, las cosas son parte de un plan. La segunda, y la más importante, es que requieren la aceptación de que cada una de las palabras que componen la religión son Palabra de Dios.

Esto implica, desde el vamos, que no es posible cuestionar lo dicho por Dios, ni poner en duda si determinada religión habrá o no sido creada por un hombre mortal, un escritor como cualquier otro que recopiló en un libro las creencias transmitidas entre personas comunes por generaciones. Entonces, la invención misma de la religión pasa a ser una más de las incógnitas que no podemos responder, lo que equivale a que debemos aceptar sin vueltas el origen que nos dan de la misma.

Después de todo, no está tan mal y es muy bienvenida la aplicación de la Palabra de Dios cuando el propósito es reforzar con la fe el respeto hacia reglas básicas de moral y convivencia. El problema comienza cuando no es suficiente para dar respuesta a otras inquietudes surgidas en las sociedades modernas, o peor aún, cuando lo que la religión plantea está "equivocado" por ir en contra de lo que la cultura actual (hábitos, costumbres, hasta la ley misma) dictan. Se da entonces la situación de que, o los principios son un dogma indiscutible sin más, o lo escrito permite al hombre la libre interpretación a su conveniencia.

Esto genera contradicciones, casi paradojas, y numerosos problemas. Por un lado, como mencionaba antes, una regla estricta determina límites claros pero puede no ser completamente abarcativa, ser obsoleta, o contener errores (si es que Dios puede cometer errores). Pero, por otro lado, el mayor problema es cuando la libre interpretación de una religión no permite ser tolerantes con aquellos que no siguen la misma fe, o cuando quienes la siguen ciegamente consideran que es imposible convivir con aquellos a los que consideran herejes. Un ejemplo claro es el fanatismo de las llamadas "Guerras Santas".

Siempre llego a la misma conclusión, será porque la tolerancia, el aprender a vivir juntos en un mundo cada vez más chico debería ser la regla básica. Al crear una religión hay dos caminos bien definidos, y prefiero pasar el resto de la eternidad en el infierno antes que aceptar a un dios que persigue y condena a aquellos de otra fe.

Una vez que esto echó a rodar, la solución no es la guerra de la intolerancia, la única salida es ser mejores personas que el intolerante. Hubiera bastado con reglas claras desde el principio, en la creación de cada religión. Que el que dictó al escriba hubiera recordado agregar en El Libro que todos podemos convivir en paz, independientemente de lo que cada uno piense, y que Dios no necesita que ningún hombre intente en su nombre convencer a nadie por la fuerza ni con un arma ni con la palabra.
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