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Mi Fantasma
Esta es una historia real. Tal cual como se indica en algunas películas, quiero empezar aclarando que los hechos que voy a narrar son verdaderos, a diferencia de otros cuentos o inventos que publico habitualmente. Ocurrió en uno de los primeros meses del Servicio Militar en el Grupo de Artillería Nro. 1 de Ciudadela (cuando todavía era obligatorio), en ocasión de una de las frecuentes guardias de esa época, antes de que me asignaran trabajo de oficina transcribiendo manuales y documentos a una antiquísima PC, u otras similares tareas.

Las guardias duraban 1 día completo y por lo tanto las 24 horas se dividían en turnos de vigilancia, turnos para dormir y mixtos donde se cumplían otras obligaciones o con suerte nos dejaban descansar más tiempo. Como sea, era seguro que varias veces al día tocaba estar parados horas en un puesto atentos a cosas que nunca pasaban, y siempre correspondía hacerlo al menos una vez durante la madrugada.

Una de esas noches de invierno me tocó apostarme en una casilla del Sector Finanzas, que era uno de los mejores puestos de guardia porque estaba elevado en lo alto de una larga pared que permitía una buena visión para cualquier lado, y uno podía anticipar si alguien se acercaba. Incluso a veces algunas personas o algún auto pasaban cerca. Recuerdo perfectamente que era invierno porque en las noches el aire es claro, todo es silencio, también porque debíamos abrigarnos demasiado y yo iba bien preparado.

Subí la fría escalera de metal y al llegar arriba dejé momentáneamente el fusil al costado mientras desplegaba y comenzaba a ponerme el amplio poncho impermeable con capucha, que obviamente se usaba los días de lluvia pero que además servía muy bien en noches despejadas de baja temperatura para mantener dentro nuestro calor. Habían pasado algunos segundos y casi había terminado cuando, por alguna razón que hoy no comprendo, tuve que mirar hacia abajo por donde instantes antes había subido...

En el suelo, al pie de la escalera había una figura parada, sin dudas era un soldado, pero era alguien desconocido al punto de que nunca pude estar seguro si (por las sombras o qué) llegué a distinguir alguna forma reconocible donde se suponía estaba su rostro. Después de un breve instante de sorpresa retomé las instrucciones que un buen hombre de guardia debía seguir: "¡NOMBRE!" le grité, esperando que el extraño se identificara.

Pasaron unos segundos, instantes que me parecieron eternos, y el desconocido respondió "¡NOMBRE!".

No esperaba para nada esa respuesta, toda la situación era inesperada, rara. Si me preguntan hoy, no podría asegurar siquiera cómo era esa voz, ni la entonación, las características o el propósito que llevaba. Me quedó siempre la idea de que fue como si estuviera tratando de imitarme, torpemente. Dudé y lo primero que me vino inmediatamente a la cabeza es que esa persona podía ser un Sargento o hasta un Teniente también de guardia haciendo una recorrida, y que me había pescado desatento (por decir algo) en mi puesto. Por eso respondí enseguida "SOLDADO CLASE 70 GUSTAVO DI SALVO, BATERÍA COMANDO Y SERVICIOS...", bla, bla, o como fuera el cantito aprendido.

Volvieron a pasar larguísimos segundos pero esta vez no hubo más palabras, ninguna respuesta, ningún movimiento. Esperé mirando su cara, tal vez, porque igual a cuando despertamos de un sueño recordando que soñamos con alguien sin rostro, así era el vacío que me miraba. Todavía sin entender, me di media vuelta y terminé de acomodar mi ropa. Unos momentos después volví a mirar atrás y debajo, y no había nadie.

Seguí preguntándome qué había sido todo eso, y dónde demonios se había metido esa persona. No podía haber desaparecido de esa forma: entre la pared donde me encontraba y el sendero iluminado que recorría el interior del cuartel había unos 30 metros, y al menos otros 30 hasta los edificios más cercanos; lo mismo a mi izquierda y derecha, por lo menos 50 metros solo de pasto bien corto a cada lado y nada más. Sin mucho por hacer, me olvidé del tema y continué con la guardia esperando que aquello no me causara problemas luego.

Semanas después durante una de las tantas charlas que llenaban el tiempo perdido, alguien estaba aclarando cuál era el origen de los nombres de los cuatro sectores de guardia en los que se dividía el cuartel. La Guardia Central y Finanzas eran claros, pero también estaban Parodi y Grabado que no tenían un significado aparente. Según nos dijeron, eran los apellidos de dos soldados que habían muerto durante su conscripción, y particularmente uno de ellos (no recuerdo cuál) se había suicidado muchos años atrás mientras estaba en su puesto de guardia. Desde ese entonces hubo numerosos relatos de quienes decían haberlo visto todavía paseando por el cuartel, eternamente como un soldado más. Recién ahí caí en la cuenta de lo que había pasado esa noche, pero hasta hoy solo se lo conté a muy pocas personas.

No hay una gran reflexión final que cierre esta historia. No sé si creo o no en los apariciones fantasmagóricas, porque soy más bien de las personas que solamente pueden creer en aquellas cosas que tienen una explicación lógica. Pero es cierto que también soy de la idea de que siempre habrá cosas más allá de nuestro entendimiento y como mínimo una última pregunta que nunca tendrá respuesta. Lo que conseguí aquel día fue una anécdota para aquellos momentos en que surgen en la conversación cuentos fantásticos, cuando puedo relatar que hubo una noche fría de invierno, hace mucho tiempo, en la cual me encontré con mi fantasma.
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