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Dura Lex, Sed Lex
Mi buen amigo Paul me escribió hace pocos días desde Europa Oriental habiendo viajado de vacaciones a uno de esos pequeños países nuevos que surgieron luego de décadas de cambios políticos, ni siquiera estoy seguro de cómo se deletrea su nombre. En fin, el tema es que me dejó muy preocupado con su relato oscuro, lleno de desesperanza.

Aquella es una bonita república de gente muy sufrida que lleva siglos de historias de guerras y resistencia a cuestas pero con ganas de dejar el pasado atrás y poder de una vez por todas mirar al futuro con fuerza y convicción. Pero algunas cosas no pueden olvidarse tan fácilmente y las rígidas costumbres que padecieron tanto tiempo moldearon su presente con fuego y martillo.

En particular es notable cómo la justicia que estuvo ausente en esa tierra los últimos 100 años hoy fue recreada desde sus cimientos a partir de las mismas características inflexibles al extremo que deseaban fervientemente abandonar. Se necesitaba para los tiempos modernos una ley rápida y eficiente, y consiguieron en cambio una expeditiva e implacable.

Como parte fundamental en el proceso del olvido de tanto horror fue aceptada en forma mayoritaria la aplicación nunca antes vista de la Pena Capital. Quisieron que los crímenes de guerra fueran castigados de inmediato y sin ninguna duda para que esto sirviera de lección. Pero una justicia veloz que incluye una pena de muerte de rápida resolución no puede ser cuestionada, no admite errores. Se estableció entonces que de ahí en más toda decisión tomada sería absoluta e inmodificable.

Al principio se generó una gran conmoción por distintos casos de condenas y ejecuciones que parecieron injustas, incluso con la presentación de pruebas contundentes de que la justicia no había sido tal. Por ejemplo en el caso de un famoso escritor encontrado culpable del crimen de su mujer de toda la vida, o el de un sacerdote de la Religión Ortodoxa condenado por abuso de niños huérfanos. Como era de esperar los fallos fueron rápidos y precisos, pero poco tiempo después se publicaron nuevas pruebas, aparecieron nuevos testigos que los eximían.

Entonces surgió una especie de complicidad de la cual no se escribía y de la cual no se hablaba. Los jueces continuaron abocados a su tarea de limpieza despiadada de la sociedad, y el pueblo eligió creer ciegamente mientras intentaban reconstruir sus vidas. Cuando la ley se hubo expedido la sentencia quedaba para siempre grababa en piedra y ya no había vuelta atrás.

Hoy las cosas siguen igual en ese diminuto país. Su pueblo es muy alegre y continúan viendo con optimismo hacia adelante, aunque frecuentemente miran con recelo cuando se acercan desconocidos de otras tierras. Porque además es este un lugar que siempre atrajo muchos turistas con sus montañas nevadas al norte y, sobre todo en verano, con sus playas sobre el lago al sur. Actualmente, sin embargo, ya poca gente elige visitarlos, es un riesgo que solo pocos aceptan correr.

Mi amigo Paul fue uno de ellos a pesar de las noticias que nos llegaban, a pesar de los rumores por lo bajo o de los reclamos enérgicos que las Naciones Unidas pronunciaban sobre los casos que traspasaban las fronteras. Cuando uno es extraño en suelo ajeno no hay margen para desconocer la ley y no hay excusas para equivocarse. Paul se equivocó y ahora está pagando el precio.

Consiguió de alguna forma que su carta llegara a mí para que pueda contar su historia. Después de todo, los cinco años que recibió de condena no son tan terribles, podría haber recibido 15 o 30, cadena perpetua o la muerte misma si las pruebas iniciales lo hubieran señalado, y no habría habido forma de cambiarlo aunque luego se descubriera su inocencia... Así son las cosas allí.

Espera con resignación hoy en día solamente que el tiempo pase para dejar todo atrás, tal vez de la misma forma en que la gente del país esperó tantos años en la oscura noche a que el terror se fuera al fin y recuperaran su olvidada libertad. Posiblemente para ellos sea alguna forma de venganza inconsciente el hacer sufrir a otros lo que ellos tuvieron que sufrir, ¿quién sabe?

(Nota: Aunque tome como base hechos de la realidad, esta es una historia de ficción)
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