El Paraguas Roto
     Andrés se despertó una mañana sin abrir los ojos, con pocas ganas de salir de la cama y afrontar un nuevo cumpleaños. No lo preocupaba tanto el paso del tiempo ni tener que sumar un año más a la edad que todos le preguntarían, lo que lo abrumaba era ser el centro de atención por 24 horas. Y es extraño porque por otro lado tenía la sospecha muy profunda de que el universo entero que lo rodeaba existía únicamente para él.

     Pero en ese mundo donde actuaba de protagonista y el resto de las personas de actores secundarios, él de alguna forma era solamente un ser mediocre que no sobresalía por nada en particular y que transitaba la vida sin dejar huella o proyectar siquiera alguna sombra. Sentía que siempre llegaba tarde a todo, un niño inocente cuando los demás ya eran adolescentes, un adolescente eterno cuando alrededor solo había adultos maduros. También creía que cualquier iniciativa que desarrollara apenas si lograría alcanzar un fugaz momento de éxito, porque incluso aunque tuviera un resultado brillante no sería más que un desempeño del montón: siempre habría personas más inteligentes o más hábiles, con más dedicación o que sabían cómo los lazos sociales funcionaban y destacaban sin esfuerzo. Hasta que un día simplemente dejó de intentar.

     Era el centro de un mundo donde apenas si existía.
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No Me Olvides
Hola, esposa querida. Quería escribirte unas palabras para aclarar un poco algunos temas. No es verdad que me olvide siempre las cosas. A veces pasa, es cierto, pero la cuestión es que tengo una memoria extrañamente selectiva y por eso se me ocurrió hacer una lista detallando cómo soy, así podemos finalmente aclarar este asunto y seguir peleando pero por otros problemas más importantes:

Antes que nada quiero asegurarte que yo no miento, excepto cuando hay cosas muy chiquitas que me da vergüenza confesar, aunque ya deberías saberlo. Sé que vos a veces también "ocultás la verdad" por razones similares cuando te sentís vulnerable o atacada. Pero no importa, lo que quiero dejar claro es que cuando digo que recuerdo exactamente cómo ocurrió algo o qué fue lo que dijimos, es porque realmente es así. Deberías confiar más en mi memoria cuando se refiere a cosas importantes. Ocasionalmente me equivocaré, es cierto, y cuando eso suceda no será intencionalmente.

Por otro lado, soy muy pero muy malo para recordar las caras y los nombres de personas que recién conozco, o que conozco poco. Me pasa con compañeros de oficina con lo que me crucé incontables veces durante años de trabajo, e incluso con personas y hasta con familiares que veo constantemente en fiestas. Siempre debo preguntarte quién es aquel o aquella con los cuales estuvimos compartiendo un cumpleaños y hablando de nuestras vidas por horas. Tengo tías que solo conozco por apodo...
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Los Ángeles
El comienzo y gran parte de este escrito está compuesto de una historia real. Pero es una historia de la cual solo conozco algunos fragmentos que me llegan como resúmenes de cada nuevo capítulo que se me presenta. Y es una historia triste, tan triste que hasta siento algo de aprensión en contarla, sabiendo que no es mía. Aunque el inicio y muchas partes sean de enorme felicidad, la tristeza es muy grande y termina inevitablemente cubriéndolo todo.

Se inicia muchos septiembres atrás, cuando por esas casualidades de la vida mi hermano más cercano y yo estábamos convirtiéndonos en padres. Mi hijo nació a fines de julio y el de él a mediados de este mes, hace 12 años. En el primer capítulo de esta historia conocí a los principales protagonistas y también en circunstancias poco comunes, ya que se trataba de una joven pareja cuyo hijo, su primogénito, nació el mismo día y en el mismo lugar que mi sobrino, y desde ese momento ambas flamantes familias se hicieron amigas. Algunas veces son extrañas las razones por las que elegimos a nuestros amigos, pero creo que el principal factor es aquello que tenemos en común, y compartir tan enorme felicidad en una experiencia única y nueva para ellos fue la mejor razón posible.

La vida de esta joven familia siguió su camino como el de cada persona, con sus pequeñas y grandes cosas de todos los días, siempre ajeno a mi propio camino, con la excepción de un único día al año en el cumpleaños de mi sobrino. En esa fecha los integrantes de ambas familias se reúnen a festejar juntos año tras año, de forma que ya se convirtió en una tradición. Y es por eso que en ese único día me reencuentro con esta historia como quien abre un libro olvidado en la página que había dejado marcada, para averiguar qué sigue en el siguiente capítulo.
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