Andrés se despertó una mañana sin abrir los ojos, con pocas ganas de salir de la cama y afrontar un nuevo cumpleaños. No lo preocupaba tanto el paso del tiempo ni tener que sumar un año más a la edad que todos le preguntarían, lo que lo abrumaba era ser el centro de atención por 24 horas. Y es extraño porque por otro lado tenía la sospecha muy profunda de que el universo entero que lo rodeaba existía únicamente para él.Pero en ese mundo donde actuaba de protagonista y el resto de las personas de actores secundarios, él de alguna forma era solamente un ser mediocre que no sobresalía por nada en particular y que transitaba la vida sin dejar huella o proyectar siquiera alguna sombra. Sentía que siempre llegaba tarde a todo, un niño inocente cuando los demás ya eran adolescentes, un adolescente eterno cuando alrededor solo había adultos maduros. También creía que cualquier iniciativa que desarrollara apenas si lograría alcanzar un fugaz momento de éxito, porque incluso aunque tuviera un resultado brillante no sería más que un desempeño del montón: siempre habría personas más inteligentes o más hábiles, con más dedicación o que sabían cómo los lazos sociales funcionaban y destacaban sin esfuerzo. Hasta que un día simplemente dejó de intentar.
Era el centro de un mundo donde apenas si existía.
Siempre digo que hubiera sido muy bueno si el año tuviese exactamente 364 días, ya que entonces abarcaría justo 52 semanas y todas las fechas caerían invariablemente el mismo día, además no tendríamos la necesidad de andar cambiando constantemente el almanaque, gastando recursos en imprimir nuevas agendas y demás papelería todos los años. De todas formas, y no soy el primero en proponerlo, es un criterio que se podría adoptar con un poco de sentido común y voluntad colectiva: agregar el día extra y los bisiestos como un adicional de cada año, un día comodín que no es lunes, ni martes, ni Ernesto. Llámese Pepe, Festivus, o como sea, el beneficio sería tener un calendario prolijo y el regalo de uno o dos días "de yapa" al finalizar diciembre. Este es un ejemplo (con un año de 8 días, siendo el año 4 bisiesto) del calendario actual y cómo quedaría con el nuevo día (indicado con "!"):
año 1 año 2 año 3 año 4(Bi) año 5
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12345678 12345678 12345678 123456789 12345678
año 1 año 2 año 3 año 4(Bi) año 5
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No podemos ver al Sol directamente a los ojos, apenas una fugaz mirada. En cada eclipse volvemos a oír una y otra vez las mismas recomendaciones, existe el riesgo de quedar afectados por lesiones permanentes por nuestro atrevimiento, y en un día cualquiera es fácil comprobar que hasta una visión de pocos segundos nos queda marcada en la retina para recordarnos por un rato que no se debe hacer. Lo interesante es que a pesar de todo sí podemos ver al Sol, aunque sea un poco. No quedamos instantáneamente ciegos al levantar la vista. La clave es que estamos adaptados para ver lo que necesitamos ver. Quien haya pasado alguna vez por un fondo de ojos en un examen ocular, sabe que con el dilatador de pupilas usado por el médico, nos volvemos más sensibles a la luz por un tiempo. Vemos momentáneamente más de lo acostumbrado, y esto puede llegar a molestarnos, confundirnos, hacernos doler.Como en la Alegoría de la Caverna de Platón, somos ese hombre que no alcanza a ver las cosas tal cual son, sino como una sombra de la realidad proyectada en una pared. Hay otros rayos en el Sol, otros colores que no vemos en la luz, y es inquietante darnos cuenta de que todo alrededor hay un mundo invisible a nuestros sentidos. Pero el hombre de la caverna no conoce otra verdad, es incapaz de ver fuera de la cueva, y aunque pudiera hacerlo, quedaría sin dudas cegado por tanta luz e imposibilitado de reconocer la forma real de las cosas.
Me gusta recordar en los días cercanos al 21 de junio, que para muchos representan simplemente (tristemente a veces) solo el comienzo del invierno o, poniéndonos más serios, el solsticio de junio, que en esta época en la que el Sol se encuentra en el punto más lejano de donde estoy, donde apenas se levanta del horizonte y ya está cayendo de nuevo, es cuando puedo sonreír sabiendo que "ya fue", se terminó, no puede ser peor: el Sol comenzó su camino de regreso y de aquí en más todo va a mejorar.Seguramente van a estar los arruinadores de momentos de siempre, diciendo que ahora es cuando peor clima vamos a tener, que recién está empezando el invierno y faltan 3 largos meses para la primavera. Los "mala onda" estadísticos que traen bajo el brazo datos y más datos que pronostican una época de frío riguroso y hasta nieve, que aseguran que por culpa del calentamiento global se registrarán temperaturas mínimas como nunca antes en la historia. Y también estarán los científicos de barrio que nos corregirán indicando que no es realmente el Sol el que está retornando, sino que tanto la cercanía y la lejanía, como el movimiento aparente de la estrella en el cielo corresponde a una ilusión provocada por la órbita de la Tierra y la inclinación de 23 grados de su eje.
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