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La Isla (Realimentación)
La isla no es el problema, no tiene la culpa.

Todos hemos leído la novela de Daniel Defoe o conocido por algún otro medio las desventuras de Robinson Crusoe, y cada uno puede encontrar dentro de un relato duro y directo innumerables enseñanzas, referencias o incluso metáforas de su propia vida. Sin embargo, desde siempre sentía (y no sabía bien por qué hasta hoy) que había en la historia un momento en el cual dejaba de interesarme: cuando el personaje principal se da cuenta de que no está solo en la isla, cuando encuentra un compañero al que nombra Viernes.

La soledad, la desolación, el aislamiento, la isla, los sinónimos del mismo problema, todo eso que compone el nudo de la trama es lo que se acaba en ese instante. Como los pasos fundamentales de un vals, "introducción-desarrollo-nudo-resolución", sentimos que de ahí en más cambia el escenario, giramos y comienza un nuevo movimiento de la danza.

Muy distinto, y una de las razones por las cuales me parece interesante, es como se trata el tema en la película Náufrago (la de Tom Hanks), ya que en esa isla la soledad es absoluta y desesperante de principio a fin, al punto de que el protagonista necesita inventarse una compañía en la forma de una pelota de volley que pasa a ser un nuevo personaje llamado Wilson.

Entendemos entonces que lo que "mata" a estos sobrevivientes, el principal enemigo del náufrago no es la isla sino la falta de respuesta. En inglés lo llaman "feedback", y en castellano la traducción literal es "realimentación", pero a pesar de la riqueza de nuestra lengua no tenemos una palabra que signifique exactamente lo mismo y últimamente se está usando mucho "devolución". Casi como el aire o el agua, necesitamos para vivir la aprobación, la empatía, el reconocimiento sobre nuestra presencia y nuestras acciones que nos brindan los demás como un alimento indispensable para seguir adelante.

No es idea mía sino ya casi un cliché mencionar que vivimos en ciudades enormes con una población en constante crecimiento de miles y miles de personas, y sin embargo estamos solos. No hace falta una isla cuando tenemos la realidad que nos rodea cada día como un mar que a veces comunica y muchas otras separa. Nuestro naufragio es intentar sobrevivir aislados del resto del mundo sin poder contar lo que llevamos dentro o compartir lo que hacemos y lo que somos.

Nosotros SOMOS la isla.
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