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Fondo de Pantalla
Escuché decir muchas veces que los habitantes de un hogar que se incendia, luego de asegurar que sus vidas no corren peligro, lo primero que eligen salvar del fuego son las fotos familiares. No sé con total seguridad cómo reaccionaría yo en esa situación, pero conociéndome me arriesgaría demasiado en la tarea de intentar apagar las llamas y si no fuera posible trataría de resguardar no solamente las fotografías sino la mayor cantidad de cosas que pudiera llevar. Igualmente, como buen previsor, tengo como tarea pendiente escanear y organizar todas las viejas fotos previas a la era digital para conservarlas. Supongo que confío en tener copias guardadas en sitios seguros antes de que me sorprenda un incendio.

Hay en nuestra casa muchas fotos enmarcadas en portaretratos sobre los muebles y en repisas en las paredes, que están cerca de la puerta de entrada por si fuera necesario ponerlas a resguardo con urgencia. Pero principalmente están ahí para que las visitas y nosotros mismos podamos perdernos en la historia de esos momentos felices, durante los largos instantes de la vida que no lo son tanto. Lo más interesante de todo esto es que en nuestra sala de estar se retratan a su vez otras muchas escenas, por lo que suele haber fotos con otras fotos viejas de fondo, conteniendo también otras más viejas detrás.

Tenemos un portaretratos con una imagen de nuestras primeras vacaciones solos, como jóvenes novios; a la distancia parecemos casi como pollitos mojados, muy flacos, despreocupados, con largas cabelleras y las ropas de moda de la época. Mi gran sonrisa de todas formas no se compara con la alegría que me desborda en otra fotografía que tiene de fondo aquella de las vacaciones, donde cinco años después sostengo en mis brazos a mi hijo de bebé, rollizo y con una pequeña camiseta de fútbol similar a la que yo estoy usando. Luego, hay otra foto que enmarca las demás, ya más cercana en el tiempo y reuniendo a la familia con los hijos crecidos, los padres más viejos y con menos pelo, festejando un cumpleaños.

Entonces, me pasa ahora que cuando estoy posando ante una cámara, además de repasar mentalmente la lista habitual de acciones como meter la panza, evitar pararme encorvado, sonreír lo suficiente sin arrugar la cara e intentar no salir con los ojos cerrados, me sorprendo pensando si en el futuro se convertirá esa foto en el fondo de otros momentos, y más tarde, pasados ya largos años, me pregunto de qué nuevos actos felices o no, será testigo silencioso. ¿Cuál será la próxima foto, cómo seguirá el destino?

Registramos unos pocos milisegundos con la esperanza de hacerlos perdurar por años. El tiempo nos pasa muy rápidamente, y cuando nos damos cuenta nos encontramos ante un nuevo festejo, otra vez las reuniones de fin de año, cada momento que vivimos es el fondo de pantalla de otro momento futuro que aún está por escribirse. Cuando llegue el día en el que el tiempo se acabe, nos quedarán los recuerdos como imágenes, foto sobre foto sobre foto de cada decisión que hemos tomado. Lo bueno es saber que depende de nosotros elegir cómo queremos protagonizar cada una de las escenas que, con suerte, merecerán ser salvadas del fuego del olvido.

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