
Una cosa es clara: la vida comenzó en la Tierra hace miles de millones de años y su mejor mecanismo de evolución es justamente el tiempo. Si hoy admiramos la destreza y sigilo de una leona cazando entre arbustos secos, es porque antes murieron de hambre miles de otros casi-leones a los que las posibles presas detectaban desde lejos y huían contentas. Somos un producto del tiempo y la necesidad, todo lo que somos es así por una razón, ya sea la forma de nuestros dientes, la cantidad de senos de las mujeres, la conveniencia de contar con cejas peludas sobre los ojos, por ejemplo.
Entonces, no es misterio para nadie el conocimiento de que los hombres y mujeres humanos son distintos en algunos aspectos notables y otros no tanto, pero las características de ambos son el producto de muchísimo tiempo de selección natural. La ciencia dice que todos los mamíferos descienden de un origen común, tal vez similar a una pequeña rata, que sobrevivió a los dinosaurios. De ahí en más la diversidad de especies se expandió enormemente, al punto de que, aunque esencialmente somos muy similares, apenas si compartimos rasgos con algunos pocos organismos. Sin embargo en la naturaleza podemos encontrar ejemplos de todo tipo, donde a veces al igual que en los humanos los sexos son claramente distintos entre sí, o en algunos casos son prácticamente iguales y es muy difícil encontrar las diferencias (es de esperar al menos que no sea un problema para esas especies).

En esta realidad alternativa no habría discriminación sexual, todos tendrían los mismos derechos y obligaciones, no habría ventajas o desventajas físicas más allá, supongo, de las que pudiera haber entre dos individuos cualquiera del mismo sexo en nuestra realidad. Pero una vez librados del machismo y del feminismo, quedaría pensar cómo se comportarían todos los mecanismos de la sociedad, ya que el sexo ha formado parte desde siempre en casi todo lo que nos rodea: es la base misma de la familia como la conocemos, ha moldeado países uniendo o separando pueblos en luchas militares o políticas, está presente en el trabajo y desarrollo personal y comunitario, condiciona el resto de nuestra vida desde el nacimiento mismo, nos dice qué vestir, cómo comportarnos, qué comprar, qué entretenimientos nos gustan, y sobre todo cómo nos vemos los unos a los otros.

No sé si la humanidad logrará sobrevivir el largo tiempo que requeriría la naturaleza para nivelar o descartar las características que hacen distintos a ambos sexos, pero sería un buen sueño desear que en alguna realidad no muy lejana, de alguna u otra forma todos seamos iguales, y que la única diferencia que nos una o nos separe sea solamente aquello que no se puede ver, la chispa vital que llevamos dentro y nos hace únicos.
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